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Viernes Santo: El día de la Pasión y el silencio que detiene al mundo cristiano

El calendario litúrgico llega hoy a su punto de mayor introspección. El Viernes Santo, eje central del Triduo Pascual, no es para los creyentes un día de luto ordinario, sino una jornada de profunda contemplación sobre el sacrificio, la entrega y el sentido del sufrimiento humano.

A diferencia de otras festividades, hoy las iglesias lucen despojadas: No hay flores, no hay música y el altar permanece desnudo. Es el único día del año en que la Iglesia Católica no celebra la Eucaristía, centrando toda la atención en la Adoración de la Cruz.

¿Qué se conmemora realmente?

Más allá de las procesiones y las representaciones visuales, el Viernes Santo encierra una simbología teológica y social que trasciende los siglos:

La Pasión y Muerte: Se recuerda el juicio, la flagelación y la crucifixión de Jesús. Para el cristianismo, este acto no se ve como una derrota, sino como la máxima expresión de amor y redención.

El Vía Crucis: Millones de personas recorren las «14 estaciones», un ejercicio que busca empatizar con el dolor ajeno y las injusticias contemporáneas.

Las Siete Palabras: Las últimas frases de Jesús en la cruz son analizadas hoy en sermones alrededor del mundo, abordando temas como el perdón, la sed de justicia y el abandono.

Tradiciones que persisten

Aunque la sociedad avanza hacia la secularización, el Viernes Santo mantiene un peso cultural innegable. El ayuno y la abstinencia de carne roja siguen siendo prácticas comunes, interpretadas hoy no solo como un precepto religioso, sino como un ejercicio de solidaridad y sobriedad.

«El Viernes Santo no es un día de tristeza sin esperanza; es el día donde el silencio nos permite escuchar el dolor del prójimo», comentan autoridades eclesiásticas durante los oficios matutinos.

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Noticia al Día/Con información de RRSS

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