Jueves 04 de junio de 2026
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Los cortes de luz afectan la salud mental de la niñez: Cecodap

La crisis eléctrica no solo afecta el funcionamiento de servicios públicos, sino que también incide en condiciones esenciales para el ejercicio de derechos fundamentales

Los cortes de luz afectan la salud mental de la niñez: Cecodap
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A siete años del apagón nacional de 2019, las interrupciones del servicio eléctrico en Venezuela han dejado de ser eventos excepcionales para convertirse en una condición cotidiana, con impactos directos en la vida familiar, la educación y el bienestar de niños, niñas y adolescentes.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI 2025), 9 de cada 10 hogares venezolanos reportan cortes eléctricos diarios o esporádicos, lo que evidencia una afectación generalizada del servicio en todo el país y sus consecuencias en el acceso a servicios básicos.

La situación, sin embargo, no es homogénea. Diversos reportes han documentado que las fallas del sistema eléctrico pueden prolongarse durante varias horas al día, con mayor intensidad en distintos estados del interior del país. Esta disparidad territorial profundiza las brechas entre zonas urbanas y rurales, y aumenta la carga sobre familias que viven en comunidades alejadas de los principales centros urbanos.

Impacto en la vida cotidiana y la educación

La crisis eléctrica no solo afecta el funcionamiento de servicios públicos, sino que también incide en condiciones esenciales para el ejercicio de derechos fundamentales. Experiencias recientes documentadas por la organización Cecodap en centros educativos del país señalan que las altas temperaturas y las interrupciones de servicios han puesto en evidencia problemas de infraestructura escolar como ventilación insuficiente, falta de agua potable, baños inoperativos y dificultades para sostener la jornada escolar.

Estas condiciones tienen efectos concretos en la vida diaria de los estudiantes. Se han observado casos de niños y niñas que reducen el consumo de agua para evitar el uso de baños en mal estado, estudiantes que intentan concentrarse en aulas con calor extremo y adolescentes que deben cumplir tareas académicas en medio de apagones constantes en sus hogares.

Cuando estas situaciones se prolongan en el tiempo, el impacto trasciende la incomodidad cotidiana y comienza a afectar derechos como la educación, el descanso, la salud mental y el desarrollo integral.

Salud mental y bienestar

La incertidumbre permanente, los cambios en la rutina, la interrupción del sueño, la falta de conectividad y el estrés familiar pueden generar efectos acumulativos como ansiedad, irritabilidad, dificultades de concentración y agotamiento emocional.

Especialistas y organizaciones advierten que niños, niñas y adolescentes requieren estabilidad para su desarrollo. La adolescencia, en particular, necesita espacios adecuados para estudiar, descansar, socializar y proyectar su futuro. La prolongación de condiciones adversas puede intensificar el impacto emocional.

Acompañamiento y recomendaciones

Frente a esta realidad, se reconoce el esfuerzo cotidiano de las familias para sostener alimentación, estudio, trabajo y crianza en medio de la inestabilidad del servicio eléctrico. Sin embargo, se subraya que no existen soluciones inmediatas para una problemática estructural.

En este contexto, se proponen algunas recomendaciones para mitigar los efectos en el hogar y en los espacios educativos:

  • Mantener rutinas posibles, incluso si los horarios deben ajustarse, conservando momentos previsibles para dormir, comer o estudiar.
  • Explicar la situación a niños, niñas y adolescentes con un lenguaje adecuado a su edad, evitando la incertidumbre prolongada.
  • Crear espacios de desconexión emocional mediante actividades familiares como juegos, lectura o conversación.
  • Priorizar el descanso y la hidratación, especialmente ante altas temperaturas y cortes prolongados.
  • Observar señales de malestar emocional como cambios en el sueño, irritabilidad o aislamiento.
  • Escuchar activamente a los adolescentes y permitir su participación en decisiones cotidianas.
  • Prestar atención especial a niños, niñas y adolescentes con discapacidad o condiciones de salud, anticipando necesidades prioritarias y asegurando apoyos básicos.
  • Fortalecer redes comunitarias y familiares para compartir información, apoyo y acompañamiento.

Finalmente, se subraya que las familias no deberían enfrentar solas el impacto de la precariedad de los servicios públicos. La garantía de los derechos de niños, niñas y adolescentes requiere respuestas sostenidas y efectivas del Estado en áreas como educación, salud, protección y cuidado.

Mientras esas condiciones se construyen, el acompañamiento mutuo, el cuidado cotidiano y el reconocimiento del esfuerzo de las familias siguen siendo elementos clave para enfrentar la realidad actual.

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