Miércoles 28 de enero de 2026
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El zuliano sin límites al sentarse a la mesa: Un recorrido por su identidad culinaria

La comida es parte de la "zulianidad", reflejando el orgullo por la tierra, junto con la gaita y la Virgen de la Chinita

El zuliano sin límites al sentarse a la mesa: Un recorrido por su identidad culinaria
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En las entrañas del mercado Las Pulgas de Maracaibo, allí donde los pasillos se estrechan entre el aroma a café recién colado y el bullicio del comercio, la gastronomía zuliana exhibe su versión más auténtica.

En los pequeños restaurantes y puestos ambulantes, queda claro que el marabino no conoce límites al momento de sentarse a la mesa: con asombrosa naturalidad, puede desayunar un chivo en coco con arroz y plátano, o cenar un contundente hervido de res para, según el argot local, "darle gusto al paladar".

La frase popular "el zuliano no come, sino que traga" es, más que una descripción literal, una hipérbole que celebra la abundancia y la generosidad de nuestras porciones.

Platos como la arepa, el mojito en coco, el pabellón criollo, Chivo en coco, la hallaca o el icónico patacón no son solo alimentos; son piezas de una arquitectura de sabores robustos y memorables.

Sabores que desafían los sentidos

La cocina zuliana es un festival de intensidades. Se define por la maestría en la fritura —pastelitos, tequeños, mandocas y papitas— y por ese queso de año inconfundible que aporta el punto justo de sal. La columna vertebral de esta tradición es, sin duda, el coco, ingrediente que transforma carnes en manjares suculentos.

La comida típica zuliana se distingue por el uso intenso del plátano, coco, pescados y carne de chivo, resultando en sabores intensos . Destacan el patacón (plátano verde/maduro frito relleno), el mojito en coco, las mandocas, los yoyos. Esta gastronomía, reconocida por su singularidad, mezcla influencias indígenas, africanas y españolas.

Para el comitente regional, no existen los términos medios: o el plato está perfectamente condimentado, o lleva su buena dosis de coco, o está frito con maestría. La fritura en el Zulia es elevada a la categoría de arte.

Delicias como la mística "agüita de sapo" resultan inexplicables para el forastero, pero esenciales para el local. Aquí el exceso es la norma: desde un patacón "con todo" hasta un tumbarrancho cuya estructura parece desafiar las leyes de la gravedad.

El léxico de la mesa, diccionario de identidad

Existe una forma muy nuestra de bautizar sabores y describir lo que sucede en la mesa. Este lenguaje gastronómico, aunque ausente de los diccionarios oficiales, es parte fundamental de nuestro ADN.

En Maracaibo no se pide simplemente una empanada; se ordena "una empanadita bien tostadita" con el requisito indispensable de tener "el pote de guasacaca cerquita".

En un puesto callejero, la instrucción es precisa: "una de jamón y queso de mano, pero me le sacáis la masa y ponéle bastante mantequilla". Dame un patacón especial, un rico perro caliente y me le echaís hasta "mal de ojo".

Estas expresiones son el reflejo de una gastronomía viva, moldeada por el humor y la cotidianidad. "Dame un tumbarrancho que se le desborde el repollo y de salsa ponéme a Oscar D’León si queréis", se escucha decir en algún quiosco de Pomona, recordándonos que en el Zulia, comer es un acto social, musical y profundamente cultural.

Paradas obligatorias

Para quienes buscan sumergirse en este universo de sabores, la ciudad ofrece templos culinarios. Lugares como "Sabor Zuliano" se han convertido en referentes donde el pabellón, la macarronada, los bollos pelones y el chivo en coco, son un deleite tanto para locales como para turistas.

Asimismo, establecimientos, kioscos y restaurantes han sabido mantener la esencia del asado y la tradición demostrando que, cuando se trata de la sazón regional, el Zulia no tiene competencia.

Noticia al Día/ Fotos: Cortesia/archivo

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