En el corazón de San José de Potreritos, donde el calor del sol se funde con la fe de su gente, el nombre de Felipe Rincón González resuena hoy con más fuerza que nunca. El que fuera el IX Arzobispo de Caracas y hasta la fecha el único zuliano y cañadero en portar la mitra de la capital de la República, se alza como un ejemplo insigne de santidad que el pueblo zuliano anhela ver elevado a los altares.
Nacido el 20 de febrero de 1861 en el Hato San Francisco, aquel que él siempre llamó con nostalgia "San Francisco de la Cañada", Monseñor Rincón no fue un hombre de pompas ni de lujos. Hijo de Ceferino Rincón y Doña Lucía González, su vida fue el testimonio vivo de que la grandeza nace de la sencillez.
Aunque la casona que lo vio nacer ya no esté en pie, su legado permanece intacto en la memoria de los hijos de la Ensenada y Potreritos. Se graduó de Bachiller en la Universidad del Zulia el 1 de septiembre de 1892.
Un pastor entre la peste y la tiranía
La historia de este "coloso de la humildad" es digna de ser contada a las nuevas generaciones de zulianos. A pesar de haber llegado al sacerdocio a la madura edad de 25 años, tras dedicar su juventud al comercio en Maracaibo, su ascenso fue fruto de una vocación inquebrantable.
Su prueba de fuego llegó en 1918, cuando la Gripe Española azotó a Venezuela. Mientras otros se escondían, este cañadero valiente se puso al frente de la Junta de Socorro, entrando incluso a templos masónicos habilitados como hospitales para bendecir y consolar a los moribundos. No le importó el contagio, le importó su salvación.

Su santidad no necesita de artificios; se fundamenta en una vida austera, en su dominio del latín y el griego, y en esa prudencia zuliana que le permitió pastorear la Iglesia en los tiempos difíciles del gobierno de Juan Vicente Gómez.
Un santo por méritos propios
Hoy, el clamor regionalista se une en una sola voz para impulsar la causa de beatificación. A diferencia de otros procesos, la figura de Monseñor Rincón González brilla por sus méritos propios : su vida santa, su entrega absoluta a los pobres y su capacidad para mantener la paz en tiempos de conflicto.
Fue él quien modernizó la estructura eclesiástica del país, dividiendo el territorio en dos provincias y permitiendo que la fe llegará a más rincones, demostrando que el zuliano, cuando asume una responsabilidad, la cumple con excelencia y amor a Dios.
A pesar de las injustas acusaciones que en el pasado intentaron empañar su nombre , episodios dolorosos ya superados por la verdad histórica, Monseñor Felipe Rincón González sigue siendo el ejemplo del "buen pastor".
Desde La Cañada de Urdaneta hasta Caracas, se espera que las autoridades eclesiásticas den inicio formal a los estudios que confirmen lo que el pueblo ya sabe: que en San José de Potreritos nació un santo.
Noticia Al Dia / Arelys Munda