Un león de piedra, con imponente melena, parece cuidar el Centro Comercial Montielco, en 5 de julio con la calle 72. Se eleva una torres, hay risas y voces del ayer en la escalera, una alegría que se remonta a los días de su esplendor que, hoy, prometen volver, mientras les contamos de ese pasado y este presente.
Para esa empresa, cargada de exigencias hemos contado con el valioso apoyo de dos testigos: José Antonio Matos Conde, quien al evocar los años de su adolescencia, le brillan sus ojos y, por ráfagas le sobrecoge la nostalgia al recordar a su madre, Doña Esther Conde Matos, una mujer de linaje, quien asomada desde el balcón del edificio Coimbra, veía el nacimiento del primer Montielco que, luego, sería la torre que es hoy y, Gilberto González, encargado del mantenimiento tiene mucho que contar.
- Ese local lo voy a comprar yo, decía la señora Esther Conde, su hijo, José Antonio, le escucha en un presente continuado. La mente lo traslada, escucha el ruido de una motocicleta, es un chico levanto polvo y tierra en aquel terreno despejado donde hoy está uno de los Centros Comerciales mas elegante y prestigioso de Maracaibo.
Es ahora un muchacho, en el Cine 5 de Julio, perduró el cartel de la primera película: El Campeón y después vino ¡la locura!, se proyectó la historia de Manudo "El reencuentro" y aquello fue un desborde de chiquillas quienes venían de toda la ciudad.
La sala de proyecciones elevó un entarimado para dar lugar al Teatro 5 de Julio, donde la Compañía de Guillermito González se paseó a sus anchas y todavía resuenan las risas que explotaban con la Comedia erótica ¿Oh, Calcuta!.
Asoman promesas de un esplendor que vuelve. Gilberto González ama este lugar donde ha pasado 20 años. Encontró esposa – única dueña de su corazón – con quien levanta cinco "tachones".
- Me gusta estar aquí, dice mientras recuerda, la Joyería del cubano, la librería El Quijote, riega sus matitas, porque son sus matitas, cambia el bombillo, pinta una pared, saluda cordial, se mueve con tal maestría que sus pasos no se sienten.
En planta baja, está el Café Miriaky, la escuela Enseñarte, la Escuela de Danzas, el salón de belleza. Hacia el ascensor se dirige una chica de cabello largo, olorosa a flores de primavera, un pantalón de hacer ejercicios donde se enfundan las piernas de una diosa, va al Gymnasio que tiene pocos meses abierto.
- Ya casi no quedan espacios para comercios. Hay discponibles departamentos para oficinas.
Montielco es apellido, es sueños, es esfuerzos, es la fuerza de una ciudad bulliciosa que se levanta, que despunta, que no cae, que no se arrodilla, que mira con ojos alegres y despiertos el mañan, un mañana forjado con inspiración y absoluta convicción de que vienen tiempos mejores.
JC



















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