El espejo del alma: ¿Qué tipo de autoestima tienes?
La autoestima es la percepción evaluativa de nosotros mismos; un conjunto de pensamientos y creencias moldeados a lo largo de la vida sobre nuestro valor y capacidades. Sin embargo, no todas las autoestimas funcionan igual. Expertos identifican cinco perfiles claros:
Alta y estable: El ideal de equilibrio. La persona se siente valiosa sin necesidad de demostrarlo constantemente y no se desmorona ante las crisis.
Alta e inestable: Una imagen alta pero frágil. Depende totalmente de la aprobación externa y suele reaccionar con agresividad ante la crítica.
Baja y estable: Una percepción negativa persistente. El individuo se acostumbra a no sentirse valioso, evitando destacar para no ser juzgado.
Baja e inestable: Una montaña rusa emocional. Sensibles a opiniones externas, solo sienten alivio ante éxitos momentáneos antes de volver a recaer.
Inflada (Narcisista): Una incapacidad de reconocer errores con una necesidad constante de superioridad y falta de empatía.
¿Por qué es tan importante? La autoestima determina qué permites que otros te hagan y es la base de la resiliencia. Nadie defiende lo que no valora; por ello, apreciarse es el primer paso para establecer límites sanos y proteger la salud mental.

La Motivación: El motor que nos mantiene en pie
Si la autoestima es el sistema operativo, la motivación es la fuerza que activa y mantiene el enfoque hacia una meta. Es el motivo para levantarse de la cama incluso cuando el cansancio pesa. Pero, ¿de dónde viene ese impulso? Existen diferentes orígenes para esta fuerza:
Intrínseca: Nace del interior, por pasión o realización personal. El premio es la acción misma.
Extrínseca: Depende de incentivos externos, como un sueldo o evitar un castigo.
Positiva vs. Negativa: Mientras una te mueve hacia lo que deseas, la otra se activa para evitar consecuencias desagradables como el dolor o la humillación.
¿Por qué perdemos el impulso?
No siempre es falta de voluntad. Factores como las metas poco realistas, la falta de claridad o el miedo al fracaso suelen ser los principales saboteadores que apagan nuestro motor interno.
Entender la jerarquía de nuestras necesidades desde la supervivencia básica hasta la autorrealización, como plantea la Pirámide de Maslow es fundamental para recuperar el interés por la actividad diaria y alcanzar el bienestar general.
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Pasante/Mariangel Piña
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