Por Luz Neira Parra
Recientemente tuve la oportunidad de analizar una conferencia del físico y divulgador español José Ignacio Latorre, compartida por la profesora María Isabel Neuman, docente universitaria radicada en Los Ángeles, quien además trabaja con herramientas de inteligencia artificial en su práctica con estudiantes que inician su formación en el college.
La experiencia resulta particularmente reveladora porque une dos perspectivas que rara vez dialogan con suficiente profundidad: la reflexión teórica sobre el futuro de la inteligencia artificial y la realidad cotidiana de las aulas donde esa tecnología ya forma parte de la vida de miles de jóvenes.
Durante décadas, la humanidad ha regulado aquellas tecnologías capaces de transformar la sociedad. La energía nuclear, la industria farmacéutica, las telecomunicaciones y la aviación fueron sometidas a normas, controles y marcos legales destinados a proteger el interés colectivo. Resulta entonces difícil comprender por qué una tecnología tan poderosa como la inteligencia artificial debería desarrollarse sin mecanismos de supervisión equivalentes.
Latorre plantea una advertencia que merece ser escuchada: el problema no consiste en lo que las máquinas serán capaces de hacer, sino en aquello que los seres humanos podrían dejar de hacer por sí mismos. La delegación progresiva de decisiones, análisis y procesos cognitivos en sistemas automatizados podría generar una dependencia intelectual sin precedentes.
Esta preocupación adquiere una dimensión especial cuando observamos el ámbito educativo. Con la profa Neuman de LUZ hemos compartido debates sobre este tema, cómo la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cotidiana sobre todo para estudiantes universitarios que comienzan su trayectoria académica. Muchos de ellos recurren a estos sistemas para investigar, redactar, resumir información e incluso para resolver dudas personales y académicas obviamente esto presenta retos y desafíos.
La situación presenta enormes oportunidades. La inteligencia artificial puede democratizar el acceso al conocimiento, personalizar procesos de aprendizaje y servir como apoyo para estudiantes con diferentes necesidades educativas. Sin embargo, también plantea interrogantes. ¿Cómo garantizar que estas herramientas fortalezcan el pensamiento crítico en lugar de sustituirlo? ¿Cómo evitar que la facilidad de obtener respuestas inmediatas reduzca la capacidad de análisis, reflexión y creatividad? ¿Cómo proteger la privacidad y los datos de millones de jóvenes usuarios?
La regulación de la inteligencia artificial no debe entenderse como un obstáculo para la innovación. Por el contrario, constituye una condición necesaria para que la innovación sea socialmente responsable.
Regular significa establecer límites, definir responsabilidades y garantizar que el desarrollo tecnológico responda a principios éticos compatibles con la dignidad humana.
La universidad tiene una responsabilidad histórica en este proceso y no debe y no puede renunciar a ella . De igual manera a sus docentes les cabe la inmensa tarea de pensar, comprender y hacerse cargo de ella » no cabe aquí hacerse los distraídos» como siempre decia el maestro Rigoberto Lanz. No basta con enseñar a utilizar nuevas herramientas tecnológicas. Es imprescindible formar ciudadanos capaces de comprender sus implicaciones, cuestionar sus resultados y participar activamente en los debates públicos que determinarán el futuro de estas tecnologías.
La inteligencia artificial ya está transformando nuestras sociedades. La pregunta ya no es si debemos convivir con ella, sino bajo qué reglas lo haremos. Dejar esa decisión exclusivamente en manos de empresas tecnológicas o de intereses económicos sería un gigantesco error de enormes consecuencias.
El desafío consiste en construir una gobernanza democrática de la inteligencia artificial donde participen científicos, físicos, filósofos,terapeutas, educadores, gobiernos, organizaciones sociales y ciudadanos. Solo así podremos aprovechar sus beneficios sin sacrificar valores fundamentales como la autonomía, la privacidad, la ética, la equidad y la libertad intelectual.
Las reflexiones de José Ignacio Latorre y la experiencia docente de María Isabel Neuman nos recuerdan que el debate sobre la inteligencia artificial no pertenece al futuro. Está ocurriendo ahora mismo, en nuestras universidades, en nuestras aulas y en nuestras vidas. Precisamente por ello, la regulación ya no es una opción: es una necesidad.
Profa Luz Neira Parra
@luzneirap
