Lo que debía ser un anuncio técnico sobre el Convenio de Cooperación para el Hospital San Juan de Dios, en Bogotá, se transformó en una profunda e insólita reflexión sobre la condición humana.
Ante la mirada atónita de funcionarios y ciudadanos, el presidente de Colombia, Gustavo Petro se apartó del libreto administrativo para ofrecer un análisis sobre la vida íntima de Jesús, la fuerza del amor y una particular sociología del hombre colombiano.
Durante su alocución, Petro reivindicó la figura de Jesús de Nazaret no solo como un líder espiritual, sino como un hombre terrestre. «(Jesús) fue hombre de luz, de verdad y revolucionario. Por eso lo mataron. Y su mensaje por eso está hoy, porque tenía razón» , afirmó el presidente.
En un giro que dejó en silencio al auditorio, el Jefe de Estado se adentró en la vida privada del profeta: “Jesús hizo el amor, sí, a lo mejor con María Magdalena, porque un hombre así sin amor no podía existir y la mujer lo apoyó hasta el último momento” . Petro comparó este aspecto con el de Simón Bolívar, señalando que el Libertador murió “rodeado de las mujeres que lo amaban, y eran muchas”.
La derrota del «mastodonte» y el arte de la conquista
El discurso también incluyó una curiosa defensa de la inteligencia y el ritmo sobre la fuerza física. Según el mandatario, la clave del éxito personal no reside en el gimnasio, sino en la capacidad intelectual y elocuente:
«Porque los hombres inteligentes siempre son amados por las mujeres, no importa cómo sea su cuerpo. Y eso es lo que han olvidado los mastodontes de músculo y sin cerebro, que siempre un flacucho les ganará. Porque es inteligente y sabe bailar».
Petro no dudó en elevar el «método colombiano» de seducción a una categoría de orgullo nacional, asegurando que “nosotros los colombianos sabemos cómo se conquistan las mujeres, que es bailando y hablando” .
Para cerrar su intervención con una nota de nacionalismo estético, el mandatario se refirió al atractivo de las mujeres latinas frente a las extranjeras: “Lo que pasa es que las europeas no son tan bonitas… las europeas sí se llevan a los colombianos, pero los hombres colombianos nunca, sino que vuelven a su mujer latina, que es mucho más hermosa y eso lo sabe el mundo”.
Mientras estas palabras llenaban el ambiente, las cámaras captaron los gestos de desconcierto de los funcionarios gubernamentales. La firma del Convenio de Cooperación, aunque lograda, quedó en un segundo plano frente a una narrativa que mezcló la Macumba, la poesía y la intimidad de los santos en un escenario destinado originalmente a la salud pública.
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