El FC Barcelona ha vivido una jornada electoral que, más allá de los números, ha confirmado la vigencia de un liderazgo basado en el magnetismo personal. Joan Laporta se ha alzado con la victoria en el cara a cara frente a Víctor Font, asegurando su permanencia en la presidencia del club hasta, al menos, el año 2031.
La jornada, que coincidió con el duelo entre el Barcelona y el Sevilla, fue un termómetro del sentir del socio. Laporta, a sus 63 años, se movió «en loor de multitudes», recordando la energía que lo catapultó al poder por primera vez en 2003. A diferencia de los comicios de 2021, marcados por las restricciones de la pandemia, esta vez el abogado pudo desplegar su característica cercanía y efusividad en el cuerpo a cuerpo con los votantes.
Mientras Laporta capitalizaba el entusiasmo de sus seguidores, Víctor Font optó por un perfil mucho más discreto. Sin la «claque» o el acompañamiento masivo de su rival, Font se centró en una campaña de distancias cortas, pero no logró revertir la tendencia que lo llevó a encajar su segunda derrota electoral consecutiva.
Si en 2021 superó a Toni Freixa para quedar segundo, en esta ocasión no pudo quebrar la hegemonía del actual mandatario en el duelo directo. Con este resultado, Laporta encamina un proyecto que, de agotar el periodo establecido, lo llevará a acumular 17 años al frente de la entidad blaugrana. El propio dirigente lo resumió en el cierre de campaña al los su deseo de ser «presidente del Barça toda la vida».
Lo que queda claro tras esta jornada es que el socio ha vuelto a apostar por la figura del «candidato del cambio» permanente, aquel que se siente cómodo entre la masa y que ha hecho de la presidencia del club el eje central de su trayectoria vital.
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