Atlético de Madrid tendrá que jugarse el pase a la siguiente ronda en el Metropolitano tras un partido indescifrable en Bélgica. En una noche de aguanieve y presión asfixiante, el conjunto de Diego Pablo Simeone rescató un empate (3-3) que sabe a poco por lo avanzado en el marcador, pero que resulta generoso visto el desarrollo del juego.
El Brujas, valiente y eléctrico, dominó por momentos a un Atlético que sobrevivió gracias a las manos de Jan Oblak y a una efectividad clínica en las áreas. Simeone apostó por su "once de gala" reciente, el mismo que desmanteló al Barcelona en Copa, con la única novedad de Oblak bajo palos. La puesta en escena pareció darle la razón pronto.
A los siete minutos, un penalti por mano de Seys tras un córner fue canjeado por Julián Álvarez con un disparo seco y potente que dejó estático a Mignolet. A pesar del 0-1, el Atlético nunca fue dueño del choque.
El Brujas de Ivan Leko, liderado por un omnipresente Vanaken y el descaro del joven Diakhon —que castigó una y otra vez a Nahuel Molina—, encerró a los rojiblancos en su área. Solo las intervenciones salvadoras de Oblak ante Stankovic y Tresoldi mantuvieron la ventaja.
Cuando el primer tiempo agonizaba, el Atlético volvió a golpear en otra acción de estrategia: Lookman cazó un balón en el segundo palo para poner un 0-2 que parecía una sentencia injusta para los méritos de unos y otros.
Tras el descanso, el decorado cambió de forma definitiva. El Brujas encontró el premio a su insistencia a los 50 minutos, cuando Onyedika aprovechó un rechace de Oblak tras otro paradón del esloveno. El gol inflamó el Jan Breydel y el Atlético entró en barrena. Nueve minutos después, un nuevo desborde de Diakhon terminó en las botas de Tresoldi, quien empujó el empate a placer ante la pasividad de la zaga madrileña.
Con el partido roto, Simeone movió el banquillo dando entrada a Sorloth y Baena. El noruego rozó el gol con un cabezazo a la cruceta, pero fue la fortuna la que volvió a poner al Atlético por delante: un centro envenenado de Marcos Llorente fue desviado hacia su propia portería por Joel Ordóñez.
Sin embargo, el Brujas se negó a hincar la rodilla. En el minuto 88, Christos Tzolis puso justicia al marcador con el 3-3 definitivo, premiando la propuesta de un equipo que siempre quiso más.
El Atlético regresa a Madrid con la eliminatoria abierta y la sensación de que, sin el control de Koke y la firmeza defensiva de antaño, cualquier ventaja es de cristal.
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