En una exhibición de resiliencia y maestría táctica, el serbio Novak Djokovic alcanzó su 11ª final en Melbourne tras doblegar a Jannik Sinner por 3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4. "Nole" no solo venció al número dos del ranking, sino que desafió a su propio físico en una batalla de cuatro horas que mantuvo en vilo al mundo del tenis.
El inicio no fue sencillo para el balcánico. Sinner, con la jerarquía que le otorgaba su posición en el ranking, castigó a un Djokovic que arrastraba ampollas en los pies desde las rondas previas. Tras ceder el primer set, Novak decidió arriesgar: adelantó líneas, cargó sus golpes de agresividad y logró igualar la contienda.Sin embargo, el italiano no se amilanó.
Con su derecha demoledora y una serie de dejadas quirúrgicas, Sinner se adjudicó el tercer parcial, poniendo al serbio contra las cuerdas. Fue entonces cuando emergió la versión más legendaria de Djokovic: esa que recuerda a sus años de dominio absoluto.
El cuarto set fue un punto de inflexión. Aunque Sinner salvó dos pelotas de set con una resistencia heroica, la tercera fue la vencida para "Nole".
En el parcial decisivo, la experiencia fue el factor determinante. Djokovic sobrevivió a varios break points tempraneros y, con una frialdad asombrosa, apretó en los dos últimos juegos para certificar una de las victorias más emotivas de su carrera reciente.
Con este triunfo, Djokovic se sitúa a un solo paso de su 25º título de Grand Slam, una cifra que ampliaría su leyenda como el tenista más laureado de todos los tiempos. Pero el obstáculo final es el más exigente posible: Carlos Alcaraz.
Con dos finales ganadas para cada uno en sus enfrentamientos directos, el duelo del domingo no solo decidirá al campeón de Australia, sino que romperá el empate técnico entre el presente y el futuro del tenis.
Noticia al Día