La frecuencia de las relaciones sexuales en nuestra región ha disminuido en los últimos años, un fenómeno directamente relacionado con la situación país, según los expertos. Este descenso en la actividad sexual, sumado a un incremento en los trastornos de pareja, refleja cómo la precariedad ha calado hasta en los aspectos más íntimos de la vida de los venezolanos, incluso más allá del popular dicho de "canas al aire".

La crisis: Un golpe a la intimidad
La Unidad de Terapia y Educación Sexual (UTES), una institución privada con sede en Caracas, ha documentado un notable aumento en la discordia conyugal y una reducción significativa en la frecuencia sexual entre parejas venezolanas. Estos hallazgos sugieren un impacto profundo de la crisis en la dinámica relacional y el bienestar emocional de los ciudadanos.

La crisis social puede generar altos niveles de estrés y ansiedad, lo que afecta directamente la libido y la disposición a tener relaciones sexuales. Las preocupaciones financieras, laborales o familiares desplazan la intimidad a un segundo plano. Pero además, otros factores también influyen.
El ambiente doméstico y el calor: ¿Influyen más de lo que creemos?
El doctor Édixon Ochoa Barrientos, especialista en Sexología y profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad del Zulia, fue consultado sobre el tema por Noticia al Día. "El hecho de que las parejas no posean las suficientes condiciones y recursos para adecuar sus realidades y así preservar el ejercicio de su función sexual en un contexto saludable es uno de los factores que se deben tomar en cuenta con prioridad", detalló el experto.

"Existen muchos factores que pudieran estar influyendo en la actividad sexual como por ejemplo el adecuar el ambiente doméstico para ello", añadió.
Ochoa Barrientos enumeró otras condiciones ambientales: la edad, la predisposición hereditaria, la alta temperatura (calor), el consumo de drogas, el entorno y la alimentación.
El especialista explicó que el calor excesivo puede ser un detonante, pero no es un factor determinante único para la abstinencia sexual. "Al menos no tengo información que lo corrobore", aclaró.
Aunque no cuenta con "reportes documentales que constaten cuál es la realidad de las parejas y si están teniendo sexo con menos frecuencia", para el sexólogo una cosa es cierta: los factores ambientales pueden influir claramente en el proceso de salud y enfermedad, y en lo que respecta a la función sexual, "no es la excepción a la regla".
El doctor Ochoa consideró que situaciones como el estrés crónico en un contexto socioeconómico, político y cultural como el venezolano, pueden condicionar la aparición de alteraciones en la función sexual, en particular aquellas que afectan la respuesta sexual humana, como las alteraciones en el deseo, la excitación o la parte orgánica.

"Debemos tomar en cuenta que nuestro entorno actual también ha propiciado una elevada frecuencia o prevalencia cada vez mayor de trastornos de ansiedad y trastornos depresivos, y ellos también tienen que ver con la alteración de la función sexual", añadió el experto.
" Ni sexo quiere uno": El testimonio de la calle
La realidad es palpable en las calles de Maracaibo. Un comerciante de Las Pulgas, comparte su perspectiva: "Salir con una chica, ir a una discoteca, tomarnos unos tragos… esos gustos, hace tres años, eran normales. Hoy, eso es casi imposible y, por supuesto, afecta lo sexual". Su testimonio resalta cómo actividades que antes eran cotidianas ahora son inalcanzables.
Un trabajador de un autolavado, lo resume con crudeza: "No hay plata para eso, el sueldo no alcanza, y cada día uno se interesa menos por hacerlo". La carga económica se convierte en un disuasivo para el cortejo y por ende para la intimidad.
La situación es similar para un diseñador gráfico treintañero que aún vive con sus padres. Para él, alquilar un apartamento es un "sueño inalcanzable". Incluso las salidas casuales se han vuelto prohibitivas.
El dueño de un centro de copiado, secunda esta idea: "Salir y echar una ‘cana al aire’ con tragos, comida y pagar un taxi, cuesta bastante. Darse ese gusto es solo para quienes tienen una entrada extra de dinero. Gustos que hace tres años, sin irnos muy lejos, eran muy normales".
Un barbero señala que las "noches de pasión" en moteles, donde una hora puede superar los 10 dólares, han quedado en el recuerdo. El sexo ha pasado a un segundo o incluso tercer plano, cediendo su lugar a las prioridades más urgentes de supervivencia diaria.
Otra vendedora de una zapatería, fue tajante: "Ya ni sexo quiere hacer uno, ni se puede hacer porque sale costoso". Por su parte, Miriam, su amiga, agregó: "Menos mal que mi novio se ha portado tranquilo desde hace tiempo y pasamos el tiempo trabajando".
En conclusión la crisis económica y social ha generado un impacto significativo en la vida sexual de las personas, manifestándose en una disminución del deseo sexual y falta de interés en la actividad sexual, conocida como apatía sexual o falta de libido.
La atención de la gente se ha centrado en la búsqueda de necesidades básicas como alimentos y medicinas, desplazando el placer sexual a un segundo plano, según Banca y Negocios. Además, la falta de acceso a anticonceptivos y la inseguridad han contribuido a una disminución del disfrute y la espontaneidad en las relaciones sexuales
Noticia al Día