Cada 10 de enero, alzamos la vista al cielo para conmemorar el Día Mundial de las Aves. Más que una simple efeméride, es un recordatorio del equilibrio que estas criaturas sostienen: son polinizadoras silenciosas, controladoras naturales de plagas y las arquitectas que dispersan las semillas de nuestros bosques.
Pero el canto de las aves también conlleva una advertencia. El avance del cambio climático y la degradación de sus hábitats ponen en riesgo su existencia y, con ello, la estabilidad de nuestros ecosistemas. Proteger sus rutas y hogares es una inversión en la salud global.
Hoy, el compromiso empieza por nosotros; desde reducir plásticos hasta crear refugios en nuestros jardines, cada acción cuenta para asegurar que su vuelo no se detenga.
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