Esta reliquia, que se conserva intacta en el antiguo templo colonial de la "Tierra de nubes", es un testimonio tangible de la vida del "Médico de los Pobres" y un punto de conexión para millas de fieles.
El Santuario Dulce Nombre de Jesús de Escuque, conserva con amor y devoción la pila bautismal donde el beato José Gregorio Hernández, recibió el sagrado sacramento hace 160 años.

Esta reliquia, que aún se conserva intacta es un testimonio tangible de la vida del "Médico de los Pobres" y un punto de conexión para millas de fieles.
La historia detrás del bautismo se ha consolidado a través de dos registros históricos. El padre de José Gregorio, Benigno Hernández, y su esposa Josefa Antonia Cisneros, hicieron los preparativos para bautizar al niño 40 días después de su nacimiento.
Esto implicó una caravana a lomo de mula que recorrió las seis leguas de montaña que separaban a su hogar en Isnotú de la población de Escuque.
El registro oficial de la parroquia, que data de 1865, detalla la ceremonia de iniciación cristiana:
“En la iglesia parroquial del Santísimo Nombre de Jesús de Escuque, a treinta de enero de mil ochocientos sesenticinco, el Pbro. Victoriano Briceño, con licencia que le conferí yo, el infrascrito, cura rector de ella… bautizó solemnemente… a un niño que nació el día veintiséis de octubre último, y le puso por nombre José Gregorio, hijo legítimo de Benigno Hernández y de Josefa Antonia Cisneros…”
Además del registro formal, existe una prueba aún más personal y conmovedora de la ocasión. El padre del beato, Benigno Hernández, llevaba un pequeño cuaderno donde anotaba las fechas de los eventos importantes de sus hijos.
En una de sus páginas, escribió una frase que revela el inmenso valor de la ocasión:
"enero 30 de 1865. Hoy fue bautizado en Escuque por el Pbro. V. Briceño autorizado por el Ve. cura Pbro. Zoilo Troconis…"
El hecho de que el padre registrara el bautizo el mismo día en que ocurrió, a pesar del largo y agotador viaje a caballo por los caminos montañosos, es un testimonio de la inmensa alegría y dedicación de la familia.
Para el profesor Juan Carlos Barreto Balza, cronista de Escuque, la pila bautismal y el templo son de gran importancia espiritual. " Fue en el antiguo templo colonial de la Tierra de nubes donde este niño José Gregorio Hernández Cisneros, con tres años de edad, recibió el sacramento de la iniciación cristiana, fue aquí donde nació a la fe, fue aquí donde nació a la cristiandad”.
La pila bautismal y la iglesia de Escuque permanecen como un símbolo de la profunda devoción y un punto de peregrinación para aquellos que honran la vida y el legado del beato.

Noticia al Día/Arelys Munda