Domingo 25 de enero de 2026
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De los cielos al papel: La vida y obra de Antoine de Saint-Exupéry creador de El Principito

El mundo de los libros está cimentado en historias que han dejado huella en nuestra forma de ser. Y es que cuando hablamos de los pilares de la sociedad, excluir a la literatura sería un pecado pues esta no es más que un retrato de nuestra realidad, que, a fin de cuentas, resulta más bella y vasta que cualquier película que se pueda filmar, aún con la tecnología de los últimos tiempos.

Por Pasante1

De los cielos al papel: La vida y obra de Antoine de Saint-Exupéry creador de El Principito
Antoine de Saint-Exupéry, aviador profesional y autor de El Principito. Foto: RRSS.
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La literatura forma parte de la historia de la humanidad. Obras como El Quijote de Cervantes, La Odisea y La Ilíada de Homero, Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez y La Metamorfosis de Franz Kafka, son algunos de los relatos que han cambiado para siempre la manera en la que se percibe la literatura, ya sea por su profundidad o por su narrativa cautivadora.

El mundo de los libros está cimentado en historias que han dejado huella en nuestra forma de ser. Y es que cuando hablamos de los pilares de la sociedad, excluir a la literatura sería un pecado pues esta no es más que un retrato de nuestra realidad, que, a fin de cuentas, resulta más bella y vasta que cualquier película que se pueda filmar, aún con la tecnología de los últimos tiempos.

Por eso hoy hablaremos de un autor que creía con firmeza que lo realmente importante no puede verse con los ojos, sino únicamente con el corazón.

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La vida y obra de Antoine de Saint-Exupéry

Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, encontraba su inspiración en los aires. Nació en Lyon, Francia, el 29 de junio de 1900 y ninguna parte de su historia como persona es aburrida. El pequeño Antoine, cuando era niño, vivió en un castillo digno de los cuentos de hadas.

El castillo de Saint-Maurice-de-Rémens fue su hogar después de la muerte de su padre, cuando Antoine solo tenía cuatro años. Pese a esto, creció junto a sus hermanas y su madre, quien era una romántica empedernida. De ella heredaría su romántica forma de ver el mundo.

El castillo de Saint-Maurice-de-Rémens. Foto: Cortesía.

La pérdida de su padre, aunque dolorosa, no opacó la infancia llena de aventuras del autor, quien recordaría sus años de juventud como los más alegres y emocionantes, pues sería en esos años cuando descubriría su gran interés por la mecánica y la aviación, intereses que perdurarían hasta el momento de su muerte.

El carácter enérgico y apasionado del autor no mermaría incluso en la adultez, pues no era raro encontrarlo a altas horas de la noche escribiendo en un arrebato de inspiración. Incluso se cuenta que solía llamar a sus colegas a medianoche para discutir temas que le generaban inquietud con gran ímpetu.

Sin embargo, nunca abandonó su gusto por el vuelo, pues aprendió el oficio de piloto en el servicio militar, en la fuerza aérea, en 1920.

Y es que Saint-Exupéry fue director del servicio Aéropostale en Argentina, fue piloto de prueba, intentó romper diversos récords de vuelo que lo llevaron a tener accidentes en el desierto egipcio y en Guatemala. Durante la Segunda Guerra Mundial peleó con la aviación francesa y a lo largo de todas estas aventuras, periódicamente publicaba sus escritos como Correo del Sur (1928) y Tierra de hombres (1939).

Foto: Cortesía.

Pero en el año 1943 publicó el que sería el mayor de sus éxitos, El Principito, que a diferencia de sus demás escritos, sería un relato infantil. Lastimosamente, el autor no conocería el gran impacto que tuvo su obra, ya que ese mismo año Saint-Exupéry solicitaría incorporarse a las fuerzas francesas en África del Norte.

Puede que fuera por esto que, un año después, en 1944, su avión desapareció en el Mediterráneo; un final considerado digno y envuelto en misterio para un aventurero de la categoría que era Antoine de Saint-Exupéry.

Y el misterio perduró hasta 1998, cuando como si de un milagro se tratara un pescador encontró en su red una pulsera de identidad con el nombre de Saint-Exupéry grabado. Fue en el año 2003 cuando se encontraron los restos del avión estrellado, que fueron identificados como los de la aeronave en la que volaba Saint-Exupéry.

El accidente que inspiró la historia de El Principito

En el año 1935, Antoine de Saint-Exupéry, junto a su copiloto André Prévot, chocaron en medio del desierto del Sahara mientras intentaban romper el récord de velocidad en una carrera aérea desde París hasta Saigón.

Ambos sobrevivieron, pero se encontraban en medio del desierto con escasos recursos, y así pasaron cuatro días en los cuales sufrieron de deshidratación, hambre y alucinaciones que casi los arrastran al delirio máximo. Afortunadamente, un nómada habitante del desierto los encontró y los salvó de la muerte.

Esta traumática experiencia fue la inspiración para la creación de uno de los libros infantiles más populares que existen, pese a su antigüedad. Aunque la pregunta es ¿Qué tiene de especial este relato siendo solo un cuento infantil? Pues, pese a su clasificación como libro para niños, esta no es totalmente acertada, ya que este libro conmueve incluso a los adultos más serios. Para quien se toma el tiempo de leer El Principito adquiere un aprecio especial por este personaje tan particular.

Película de El Principito. Foto: Cortesía.

Quizás todos nos sentimos un poco identificados con la actitud de El Principito quien es curioso y enérgico, adora hacer preguntas no tanto responderlas, vive en su pequeño planeta, pero le encanta explorar mundos nuevos, se enamoró de su rosa, pero no supo manejar su amor, y día con día lucha por deshacerse de los baobabs cuando aún son muy pequeños.

El Principito es un símbolo de la inocencia y la creatividad. Todos tenemos miedo de perder a alguien querido, así como él tiene miedo de perder a sus amigos. Cuando algo se vuelve especial para nosotros, debemos protegerlo, ya que se convierte en algo único.

Es cierto que existen cientos de rosas en el mundo, pero ninguna tan especial como nuestra rosa, esa que decidimos cuidar. Puede que nos hayamos vuelto grandes y sintamos gran simpatía por los números y las cifras, pero en algún momento fuimos como el Principito, que no paraba de explorar e imaginar.  

Puede que lo hayamos olvidado, pero como dijo el zorro: “He aquí mi secreto. Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.” Es extraño cómo un relato de este estilo surgiera de una tragedia como la que vivió Antoine de Saint-Exupéry. Pero algo es seguro, ese Principito existe. Existe para quienes decidan creer, para aquellos que decidan ver con el corazón y no con la razón.

Foto: Cortesía.

Noticia al Día / Reyhans Quiróz

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