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Una historia, un retrato

Foto: Gustavo Baüer

Un niño de 14 años llegó desde Managua a Maracaibo, no por casualidad, sino por decisión familiar: buscaban para él una vida mejor. Era 1956, un año marcado por la historia de Nicaragua, el mismo en que ocurrió el atentado contra Anastasio Somoza García, quien moriría poco después. En medio de ese contexto convulso, el viaje del joven también fue una forma de resguardo y de futuro.

Foto: Gustavo Baüer

Antes, su hermano mayor, José Raúl García, había llegado primero, atraído por la fiebre petrolera. Fue él quien lo mandó a buscar, quien lo recibió en su casa y quien levantó la barbería que llevaría el nombre de Xolotlán, en honor al lago de Managua. También fue quien le enseñó el oficio, quien le puso las tijeras en las manos y le marcó el camino.

Aquella barbería, ubicada junto al viejo correo, desapareció con la construcción de la avenida Libertador, pero no su historia.

En ese mismo espacio se formó Carlos Alberto Noguera Ortiz, quien, bajo la guía de su hermano, se convirtió en barbero y hoy suma 64 años en el oficio. Desde la calle Aurora, donde lleva 56 años, ha sido testigo del paso del tiempo entre cortes de cabello y conversaciones.

Por su silla han pasado gobernadores, presidentes de la Asamblea Legislativa, alcaldes, diputados y concejales, pero también la gente común, los amigos de siempre, los que vuelven no solo por un corte, sino por el afecto.

Padre de 9 hijos, abuelo de 14 nietos y bisabuelo de 13, ha construido una familia tan grande como su historia. Junto a Margarita Romero, su compañera de vida, celebra también uno de sus mayores orgullos: haber recibido el Botón de la Zulianidad.

Hoy, su barbería es más que un lugar de trabajo, es un punto de encuentro, un refugio de historias, un espacio donde siempre hay alguien que llega… y se queda.

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Fotos y texto: Gustavo Baüer

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