Hoy recordamos una fecha de gran sensibilidad para el sentimiento zuliano. El 12 de febrero de 2011, Maracaibo despidió a uno de sus hijos más devotos: Enairo Villasmil, cariñosamente conocido como el "Joyero de la Virgen".
Su partida dejó un vacío en el camerín de la Basílica, pero su legado permanece incrustado en el brillo de la "Chinita".
Durante cuatro décadas, Enairo no fue solo un orfebre; fue el custodio de la fe tangible del pueblo zuliano. Su manos fueron las encargadas de limpiar, restaurar y proteger las piezas que adornan la Sagrada Tablita.
Con 40 años de servicio, dedicó casi medio siglo al cuidado exclusivo de la corona, el cetro y las incontables joyas ofrecidas por los fieles como promesas.
Su oficio y devoción, más allá de su destreza técnica con los metales preciosos, su labor era considerada un acto de oración constante.
El arte de la joyería corría por sus venas, porque era una tradición familiar pero su compromiso con la Virgen de Chiquinquirá lo convirtió en una figura institucional de la Iglesia zuliana.
Se dice que Enairo conocía cada detalle, cada gema y cada relieve de la corona real. Para él, no se trataba de piezas de oro y esmeraldas, sino de los agradecimientos y milagros de un pueblo que depositaba su confianza en su Madre María.
"No soy yo quien brilla, es Ella. Yo solo me encargo de que su luz se vea mejor." (Sentimiento que siempre transmitió en su humilde labor).
A 15 años de su partida, su nombre sigue unido al de la Chinita cada vez que el sol de Maracaibo hace brillar su corona en la Bajada o en su procesión del 18 de noviembre.
Enairo Villasmil
Nació en la Calle Venezuela del barrio El Saladillo de Maracaibo, y durante 41 años fue el encargado de limpiar, restaurar y cuidar las joyas de nuestra Virgen de Chiquinquirá.

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