El sonido del hielo contra el cristal es el preludio de una reflexión necesaria. Al asomarme por la ventana y cruzar mirada con el vecino, la frase sale casi por inercia, cargada de esa ironía que solo los años en este oficio te permiten masticar: “Oye vecino, se jodió Guaco”.
La sentencia no es nueva. Desde que aquellos jóvenes del Conjunto Gaitero Estudiantil Los Guacos del Zulia empezaron a experimentar en 1962, el purismo más rancio les firmó el acta de defunción. Cuando Alfonso y Gustavo Aguado decidieron que la gaita podía fusionarse con metales, salsa, funk y jazz, las esquinas de Maracaibo dictaron el mismo veredicto: la agrupación había muerto. Pero la historia, siempre terca, demostró lo contrario.
Innovación frente a la crisis
A finales de los 70, la salida masiva de integrantes parecía el final definitivo. La respuesta fue innovación pura. En las décadas siguientes, los cambios de voces que paralizaban al país no fueron epitafios, sino el combustible para discos que hoy son instituciones musicales.
Hoy, en pleno 2026, el escenario es distinto pero el ataque es el mismo. La chismografía de redes sociales intenta ejecutar lo que el tiempo no ha podido. Como bien señalaba Umberto Eco, las plataformas digitales han equiparado la opinión del "tonto del pueblo" con la de un Nobel. Armados con teclados y bajas pasiones, muchos pretenden asistir al funeral de una maquinaria cuya vigencia es, por derecho propio, casi un récord Guinness.
El genio y su columna de hierro
A Gustavo Aguado le han llovido críticas desde todos los flancos: su estilo de dirección, su carácter, la evolución del concepto. Sin embargo, el éxito suele ser el ácido que corroe al mediocre. Gustavo es un genio creativo y, como tal, siempre atraerá la conjura de quienes no comprenden su visión.
En medio de la tormenta, emerge la figura de Yaremi, su esposa. Ella es la columna de disciplina que contiene el "demonio" creativo de Aguado. Con la sabiduría de quien conoce el engranaje interno, le recuerda que no debe perder el tiempo en lo intrascendente. Mientras el ruido externo aturde, en el estudio de Juan Carlos Salas se sigue cocinando la vanguardia sonora del país.
Un gentilicio sonoro
Guaco no es solo una orquesta; es un gentilicio sonoro. Es el orgullo de la "Tierra del Sol Amada" y el eco que retumba en cada rincón del Caribe. A los detractores les incomoda que sigan siendo la "Súper Banda", esa "Maravilla Hispanoamericana" bautizada por Carlitos Sánchez.
¿Que si se jodió Guaco? Quizás para el que no tiene oído, para el que vive del rencor o para quien no entiende que la evolución es un proceso tan doloroso como necesario. Guaco es un ave fénix con tambora y metales.
Así que, estimado vecino, no se deje llevar por el trending topic del odio. Mientras otros se pierden en el ataque de turno, yo prefiero subir el volumen, sentir el golpe del bajo en el pecho y brindar por otros sesenta años de irreverencia. Guaco no se jodió; Guaco se transformó, una vez más, para seguir marcando el camino.
"Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él". — Jonathan Swift.
¡Salud!
Noticia al Día/periodista José Israel González