En la historia de las comunicaciones, nunca antes el ser humano había tenido tanto acceso a la creación y consumo de contenido sonoro. Sin embargo, esta "edad de oro" del podcasting trae consigo una paradoja alarmante: Mientras las audiencias crecen exponencialmente, el rigor informativo se desvanece tras sets atractivos y discursos convincentes pero vacíos de sustento.
El podcast ha dejado de ser un nicho para convertirse en uno de los medios más influyentes del planeta.
Las cifras de ‘Edison Research’ para el año 2026 son contundentes en mercados como el de Estados Unidos:
- 58 % de la población (aproximadamente 167 millones de personas) consumió podcasts en el último mes.
- 45 % de la población (130 millones) escuchó al menos uno en la última semana.
Este alcance masivo sitúa al podcast en una posición de poder social sin precedentes. No obstante, la periodista Alejandra Oraa advierte en su análisis que el problema nace en el corazón de esta expansión: La democratización del acceso no ha venido acompañada de una democratización de la responsabilidad.
De la barrera ética al espectáculo visual
Antes de la revolución digital, la comunicación de masas contaba con filtros institucionales. Periodistas, editores, productores y verificadores de datos actuaban como una barrera mínima entre la "ocurrencia" de un individuo y la audiencia nacional. Hoy, esa barrera ha sido derribada.
"Hoy basta con una cámara, un set bonito, dos micrófonos negros y que creas que tienes la seguridad suficiente para sonar convincente", señala Oraa. El ecosistema digital actual ha invertido las prioridades del oficio: No premia al más riguroso, sino al más visible.
La cifra del desprestigio: El 5 %
Uno de los datos más alarmantes del análisis revela una brecha técnica profunda. Del total de podcasts consumidos, solo el 5 % son conducidos por profesionales del rubro sobre el cual predican. El 95 % restante es territorio de la improvisación.
Esta falta de especialización ha generado una fauna de comunicadores que opinan con autoridad aparente pero sin credenciales:
- Salud sin estudios médicos.
- Economía sin experiencia financiera.
- Política internacional sin contexto histórico.
- Psicología sin licencia profesional.
- Ciencia sin método.
Consecuencias sociales: El triunfo de la elocuencia sobre el saber
El peligro de tratar la creación de contenido como un "hobby inofensivo" es que, al llegar a las masas, tiene el poder de alterar la percepción pública de la realidad. Cuando una persona improvisada genera más confianza que una fuente preparada, la sociedad comienza a tomar decisiones basadas en información tergiversada.
La periodista aboga por recuperar el peso de las voces expertas, médicos, investigadores, economistas y periodistas serios, para evitar que el debilitamiento de la verdad sea permanente. El riesgo final es una sociedad incapaz de distinguir entre entretenimiento, opinión e información.
En este escenario, "gana el que mejor habla, no el que más sabe", concluye Oraa.
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Noticia al Día/RRSS