El 19 de abril de 1810 no fue solo un episodio de fervor popular; fue el primer acto jurídico y político que fracturó el orden colonial en Venezuela. Lo que comenzó como un cuestionamiento institucional al Capitán General Vicente de Emparan, terminó convirtiéndose en la piedra angular de la República.
Bajo el sol de un Jueves Santo, el Cabildo de Caracas convocó a una reunión extraordinaria. El contexto era crítico: España estaba descabezada por la invasión de Napoleón Bonaparte y la abdicación de Fernando VII. Aunque inicialmente se buscaba crear una Junta de Gobierno liderada por Emparan para preservar los derechos del rey depuesto, la jornada reveló una grieta insalvable entre la burocracia peninsular y la visión de los caraqueños.
El "No" que resonó en la Plaza Mayor
El punto de quiebre ocurrió frente a una multitud congregada en la Plaza Mayor (hoy Plaza Bolívar). Ante la presión del Cabildo y las recriminaciones de figuras como el canónigo José Cortés de Madariaga, quien desde atrás de Emparan hacía señas a la multitud para que lo rechazara, el Capitán General lanzó un reto al pueblo: ¿Querían que él siguiera mandando?
El "¡No!" unánime de los ciudadanos forzó la célebre capitulación de Emparan: “Pues yo tampoco quiero mando”. Con su renuncia y posterior viaje a España, el poder civil tomó las riendas.
El Acta del 19 de abril, firmada incluso por el propio Emparan, es un documento que resalta por su carácter civil y administrativo, marcando una transición institucional sin precedentes en la región.
La semilla del Estado Constitucional
Aunque la Junta Suprema de Caracas nació bajo el lema de "Defensora de los derechos de Fernando VII", el impulso autonomista era imparable. Este órgano fue el preludio del Primer Congreso de Venezuela (1811), donde la retórica de fidelidad al rey cedió el paso a la Declaración de Independencia el 5 de julio y a la redacción de la primera Constitución del país en diciembre de ese año.
Una gesta de civiles, no de cuarteles
Es común asociar la independencia exclusivamente con batallas a caballo, pero el periodo 1810-1812 fue esencialmente intelectual y jurídico. Como bien señala el jurista Allan Brewer-Carías, este proceso fue obra de civiles ilustrados que, armados con los principios de las revoluciones francesa y norteamericana, construyeron un Estado moderno sobre las cenizas del régimen colonial.
Documentos como el Acta de Independencia y la Declaración de los Derechos del Pueblo son testimonios de una justificación republicana magistral. Antes de que las lanzas tomaran el protagonismo, fueron las plumas y las leyes las que fundaron la nación.
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Noticia al Día/Con información de Prodavinci