La temporada de lluvias ha vuelto a transformar a la ciudad petrolera de Cabimas, en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, en un escenario de canales y lagunas forzadas. La imagen de la italiana Venecia, suspendida sobre el agua, no es sino un amargo espejo para los habitantes que, lejos del ensueño turístico, enfrentan calles y viviendas convertidas en extensiones navegables por la fuerza de la naturaleza y la precariedad de la infraestructura.
En múltiples sectores de la ciudad, se han reportado graves inundaciones en viviendas y avenidas, además del ya recurrente colapso de drenajes y colectores. Los reportes de los propios habitantes confirman que los fuertes vientos y las intensas precipitaciones caídas durante la madrugada de este 11 de octubre han dejado a su paso un rastro de anegación.
Gaita, calma y achique
Frente a la adversidad, la población zuliana, conocida por su temple, parece encontrar en la música una herramienta indirecta para gestionar la crisis. Un ejemplo de esta resiliencia cultural lo protagonizó una residente de Cabimas cuya casa se inundó por completo.
En lugar de ceder al pánico, esta mujer enfrentó el desastre achicando su vivienda al ritmo de la famosa gaita "Mi Ranchito", del compositor Ricardo Portillo. La canción, que evoca el profundo sentimiento de añoranza y el amor por el hogar —por humilde que sea—, sirvió de banda sonora para su ardua labor.
"No hay mal que dure cien años", demostró la madre de familia, quien, escoba en mano, se dispuso a sacar el agua, exhibiendo la determinación y el optimismo característicos del zuliano frente a las dificultades. Esta actitud, más allá del folclor, busca mantener la calma, generar conciencia sobre el problema y motivar acciones inmediatas de prevención en medio de la emergencia.
Las Consecuencias
La recurrencia de estas inundaciones pone de manifiesto el deterioro de la infraestructura urbana de Cabimas. El colapso de los sistemas de drenaje no es una casualidad, sino la consecuencia directa de la falta de mantenimiento y la planificación urbana deficiente que, año tras año, condena a los cabimenses a vivir bajo la amenaza del agua.
Los ciudadanos exigen a las autoridades locales y regionales tomar medidas urgentes y a largo plazo para evitar que cada temporada de lluvia se convierta en una catástrofe personal y comunitaria.
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